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Alfonso Blanco, presidente de la Sociedad Española de Psicooncología
La Psicooncología no es un lujo, sino una necesidad
El presupuesto llega hasta donde llega y si se trata de elegir especialista, “el responsable prefiere contratar a un oculista que le acorte la lista de espera antes que a un psicooncólogo”. Es lo que Alfonso Blanco Picabia, presidente de la Sociedad Española de Psicooncología (SEPO), ha podido comprobar a lo largo de los años. Hace más de 60 que existe el término, pero sólo seis que existe la Sociedad española y que algo ha empezado a moverse en cuanto a atención psicológica del enfermo oncológico. “El paciente necesita tiempo para sentarse y que le escuchen”, dice Blanco.

Sin embargo, por norma general, el servicio lo prestan voluntarios, expertos contratados por las asociaciones de enfermos o los mismos oncólogos y enfermeros que los atienden, que aunque ponen todo de su parte no cuentan con el tiempo ni la formación en recursos psicológicos necesarios. Parece que los gestores no terminan de entender la importancia que para los pacientes tiene recibir apoyo ante una de las “enfermedades más dolorosas y de mayor prevalencia”. Una dolencia que además “repercute en el entorno familiar y también en la salud de los propios especialistas que la atienden”, explica el profesor Blanco, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Sevilla.

La SEPO celebra entre el 17 y el 19 de noviembre en Murcia su segundo congreso nacional, bajo el título ‘Psicología y Cáncer en el Siglo XXI’. A las jornadas asisten 220 especialistas en la materia, pese a que no existen “más de 70 en nuestro país que se hayan formado en esta área”, sostiene Blanco. Una veintena de quienes incluyen entre sus cursos de formación la Psicooncología realizó estudios en el extranjero, Estados Unidos o Reino Unido. El resto lo ha hecho en los dos masters que ofertan la Universidad Complutense de Madrid y el Hospital Gregorio Marañón.

La oferta es escasa, reconoce el catedrático sevillano. La mayoría de quienes ofrecen sus servicios como psicólogos en asociaciones y hospitales -“como voluntarios, porque no hay plazas de otra manera pese al beneficio del apoyo psicológico durante a enfermedad”, dice el profesor Blanco- no tiene formación específica. “Es habitual que los psicólogos acaben la carrera y acudan a realizar prácticas en este ámbito”, describe. Por ello pide que se homologue la formación. “Pero no es una especialidad exclusiva de los psicólogos clínicos”, sostiene, “sino de personas interesadas en humanizar la Oncología”.

“No hablamos de formación, sino de sensibilidad. En realidad, la Psicooncología es el encuentro de dos personas expertas. Una es experta en recursos de apoyo emocional; la otra, en sí misma y en su enfermedad”, explica Alfonso Blanco. “Por eso no se trata de un lujo, sino de una necesidad. Si a una persona que ha sufrido un traumatismo grave se le ofrecen recursos para readaptarse a su vida cotidiana, ¿por qué dejar de la mano a los enfermos de cáncer?”.

A los pacientes y, de hecho, a todo su entorno. Los primeros, además del proceso oncológico, sufren de angustia, miedo, depresión y dificultades de comunicación, entre otros. “Tienen más miedo al proceso, al dolor, a los síntomas y a los efectos secundarios, que a la muerte”, sostiene. Sus familiares comparten esa angustia, “a veces multiplicada, porque tienen más información”. Si la relación con el enfermo es mala, “desarrollan además sentimiento de culpabilidad”. Y por norma general tienden a la sobreprotección del paciente, a dedicarse en cuerpo y alma a su cuidado, y enferman.

 
   
 
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